La neurodiversidad es un concepto que reconoce la variabilidad natural en el funcionamiento cerebral humano. Lejos de considerar ciertas condiciones como trastornos o enfermedades, esta perspectiva entiende que cada cerebro procesa la información de manera única. El término fue acuñado en la década de 1990 por activistas autistas que defendían que el autismo no era una enfermedad sino una forma diferente de cognición. Hoy abarca condiciones como el trastorno del espectro autista (TEA), el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), la dislexia, la discalculia, la dispraxia y el síndrome de Tourette, entre otras.
Las cifras son contundentes: según estudios de consultoras como Deloitte, entre el 10 % y el20 % de la población mundial es neurodivergente. Esto significa que, en un mundo de8.000 millones de personas, entre800 y1.600 millones tienen un perfil cognitivo que se desvía de lo que se considera neurotípico. En el Reino Unido, por ejemplo, 1 de cada 7 personas es neurodivergente, con condiciones como la dislexia (10 % de la población), el TDAH (8 %) o la dispraxia (8 %). La Organización Mundial de la Salud calcula que 1 de cada 100 personas está dentro del espectro autista. Estas cifras demuestran que la neurodiversidad no es una excepción, sino una realidad omnipresente en cualquier aula, oficina, hospital o espacio público.
Diseñar para la neurodiversidad no significa crear espacios especializados solo para personas neurodivergentes, sino entornos que ofrezcan opciones, control y adaptabilidad para todos. Kay Sargent, codirectora global del equipo WorkPlace de HOK y autora del libro Diseñando lugares de trabajo neuroinclusivos, lo resume así: «Cuando diseamos para lo extremo, beneficiamos a la media». Esto implica que las soluciones pensadas para quienes tienen hipersensibilidad o hiposensibilidad sensorial mejoran la experiencia de cualquier ocupante.
Uno de los hallazgos más importantes de la investigación en neuroarquitectura es que la capacidad de controlar el entorno reduce el estrés y mejora la concentración. Stephen Lenz, líder de práctica de estrategia de diseño en Perkins&Will, afirma que «una clave de nuestra investigación sobre diseñar para satisfacer las necesidades de individuos neurodivergentes se reduce realmente a la elección y el control». Esto se traduce en ofrecer a los usuarios la posibilidad de ajustar la iluminación, la temperatura, el sonido ambiental o la disposición del mobiliario.
En la práctica, esto significa incorporar sistemas de iluminación regulables, paneles acústicos móviles, mobiliario modular y zonas con diferentes niveles de estimulación sensorial. Por ejemplo, en una oficina, un empleado hipersensible puede optar por un cubículo con aislamiento acústico y luz tenue, mientras que otro hiposensible puede preferir un espacio abierto con colores vibrantes y música de fondo. La clave es que ambos tengan la opción de personalizar su experiencia sin afectar a los demás.
Las personas neurodivergentes, especialmente aquellas con hipersensibilidad sensorial, pueden sentirse abrumadas en entornos con mucho ruido, movimiento o información visual. Por eso es esencial diseñar «zonas de retiro» o «espacios de recarga» donde los usuarios puedan aislarse momentáneamente. Estos espacios no deben ser estigmatizantes ni estar ocultos, sino integrados de forma natural en el recorrido del edificio.
Además, los espacios de transición entre áreas de alta y baja estimulación ayudan a regular la sobrecarga sensorial. Un vestíbulo amplio, un pasillo con iluminación suave o un jardín interior pueden servir como amortiguadores. En el diseño de aeropuertos, por ejemplo, Nefa Architects incorporó en el aeropuerto Kurumoch de Rusia salas VIP con acústica controlada y asientos que permiten tanto la interacción como el aislamiento, demostrando que la funcionalidad y la estética pueden ir de la mano.
La predictibilidad genera calma y autonomía. Un plano de planta claro, con recorridos lógicos y señalización coherente, reduce la carga cognitiva de los usuarios. Para personas con dislexia o trastornos del procesamiento visual, los letreros con pictogramas universales, colores contrastados y tipografía sans-serif facilitan la navegación. En espacios complejos como hospitales o campus universitarios, la señalización debe ser redundante (visual, táctil y auditiva) para garantizar que nadie se pierda.
La organización espacial también debe ser predecible: las funciones similares deben agruparse y los cambios de dirección deben anunciarse con anticipación. En la Westmark Lower School de NBBJ, los pasillos están diseñados con una secuencia clara de aulas, zonas comunes y áreas de juego, lo que permite a los estudiantes neurodivergentes anticipar el siguiente paso de su rutina diaria.
El diseño debe reconocer que las personas neurodivergentes pueden tener dificultades con las señales socials o sentirse incómodas en espacios abiertos donde la interacción es inevitable. Para abordarlo, se pueden crear «áreas semiabiertas» donde los usuarios puedan estar solos pero en compañía, como asientos con respaldos altos, nichos en pasillos o cabinas acústicas. En el Contentful Workplace de toi toi toi creative studio, los diseñadores combinaron zonas de colaboración con pequeños refugios individuales, permitiendo que cada persona elija su nivel de interacción social.
Cada tipo de edicio tiene necesidades específicas. A continuación se presentan recomendaciones para cuatro entornos clave, basadas en entrevistas con expertos y casos documentados.
El entor no escolar es crítico porque el desarroll o cerebral infantil es especialmente ensible a los estímulos. Las aulas deben ofrecer zon as tranquils para el trabajo concentradoy áreas más dinámicas para la colaboración. La iluminación natural es preferible, pero debe poder modularse con cortinas opacas para estudiantes hipersensibles. Los colores deben ser suaves en las zonas de studio (azules, verdes) y más vibrantes en los espacios de juego.
La acústica es otro factor determinante: los techos con paneles fonoabsorbentes y las alfombras reducen el ruido de fondo. En la Inclusive Education Center de Enrico Molteni Architecture, se diseñaron aulas con paredes móviles que permiten cambiar la configuración según la actividad, y se incorporaron «cápsulas sensoriales» donde los estudiantes pueden retirarse cuando se sienten abrumados. Además, la señalización con colores y pictogramas ayuda a los niños con dificultades de lectra a orientarse.
Antes de la pandemia, muchas ofcinas optaron por densificar los espacios abiertos, lo que resultó en entornos ruidosos y sin control individual. Kay Sargent señala que «las personas tenían muy poco control, pocas opciones y elecciones limitadas mientras estaban expuestas a irritantes sensoriales potencialmente intensos». Para corregirlo, las ofcinas deben ofrecer una variedad de zonas: áreas silenciosas para el trabajo profundo, salas de reuniones insonorizadas, espacios colaborativos con iluminación dinámica y zonas de descanso con confort acústico.
El mobiliario modular permite a los empleados reconfigurar su puesto según sus necesidades del momento. Las pantallas acústicas, las plantas naturales y los materiales con texturas suaves (madera, tela) contribuyen a una atmósfera calmada. Empresas como Microsoft y SAP han implementado programas de contratación de personas neurodivergentes y han rediseñado sus ofcinas con «salas sensoriales» donde los empleados pueden desconectar durante 15 minutos.
Estos espacios son particularmente desafiantes debido al alto flujo de personas, los anuncios constantes y la señalización compleja. Para mejorar la experiencia de los viajeros neurodivergentes, se pueden incorporar «rutas tranquilas» con iluminación suave y menos tráfico peatonal, así como salas de espera con aislamiento acústico. La señalización debe ser clara, con letras grandes y pictogramas, y los paneles de información deben evitar destellos o cambios bruscos de color.
En el aeropuerto de Gatwick (Reino Unido) se implementó un programa piloto con pulseras identificativas para pasajeros con autismo, y se creó un «espacio de bienestar» con luces regulables y asientos cómodos. Los arquitectos de Nefa Architects, en su diseño para el aeropuerto Kurumoch, priorizaron la zonificación espacial: áreas de check-in con colores neutros, zonas de espera con iluminación cálida y pasillos amplios que evitan la sensación de aglomeración.
Los entornos médicos suelen ser estresantes por naturaleza, pero para las personas neurodivergentes la ansiedad puede multiplicarse. Es importante diseñar salas de espera con opciones de asento que permitan el aislamiento visual y acústico, así como consultorios con iluminación regulable y ausencia de olores fuertes. Los pasillos deben ser amplios y la señalización debe incluir códigos de colores para diferentes áreas (urgencias, consultas externas, farmacia).
El Sayanomoto Clinic de Yamazaki Kentaro Design Workshop es un ejemplo de cómo la arquitectura puede reducir la ansiedad: el ediccio se organiza en torno a un jardín interior que actúa como filtro sensorial, y las salas de espera tienen vistas a la naturaleza. Además, se eliminaron los pasillos largos y monótonos, reemplazándolos por recorridos sinuosos que invitan a la calma.
No siempre es posible construir desde cero; a menudo necesitamos adaptar espacios ya existentes. Para ello, los expertos proponen evaluar cinco categorías clave:
Stephen Lenz recomienda realizar sesiones de «recorrido sensorial» con usuarios neurodivergentes reales para identificar puntos de fricción. Este proceso, que forma parte del Kit de Herramientas de Neurodiversidad de Pérkins&Will, ayuda a los diseñadores a ponerse en el lugar de quienes experimentan el espacio de manera diferente.
Uno de los mayor es desafíos que enfrentan los profesionales es la falta de conciencia entre los clientes. Kay Sargent comenta que «muchos clientes inicialmente expresan escepticismo, con algunos cuestionando su relevancia para ellos. Sin embargo, después de presentaciones educativas, las percepciones a menudo cambian significativamente». Por eso, la formación es una parte central del proceso de diseño. Los arquitectos deben explicar que la neurodiversidad no es un nicho, sino una realiad que afecta a una quinta parte de la población.
Stephen Lenz añade que «en los últimos años, la neurodiversidad se ha vuelto más importante para los clientes; ahora están preguntando sobre ello justo cuando se lo estamós trayendo». Este cambio indica que la demanda está creciendo, pero todavía queda camino por recorrer. La colabración con asociaiones de personas neurodivergentes y la inclusión de consultores especializados en accesibilidad cognitiva son pasos esencials para garantizar que las soluciones sean efectivas y respetuosas.
El diseño para la neurodiversidad no requiere una estandarización rígida como las pautas de accesibilidad física (ADA), sino un enfoque basado en la flexibilidad y la empatía. Como bien dice Lenz: «Un buen diseño que sea acogedor y efectivo resuelve esto de manera inherente». No se trata de añadir elementos especiales, sino de repensar los fundamentos del diseño para que todos los usuarios encuentren su lugar.
La neurodiversidad es la idea de que todos los cerebros funcionan de manera diferente, y eso es normal. Alrededor del 10 al 20 % de las personas tienen un perfil neurodivergente, como autismo, TDAH o dislexia. Esto significa que, en cualquier espacio público o privado, es muy probable que haya personas que procesen la información de forma distinta a la mayoría. La buena noticia es que diseñar teniendo en cuenta esta diversidad no solo ayuda a quienes son neurodivergentes, sino que mejora la experiencia de todos.
Las claves son simples: ofrecer opciones (poder elegir entre un espacio tranquilo o uno más activo), dar control (poder ajusar la luz o el sonido), crear zonas de descanso sensorial y asegurarse de que la señalización sea clara y predecible. Si alguna vez te has sentido abrumado en un centro comercial ruidoso o en una oficina sin ventanas, has experimentado lo que muchas personas neurodivergentes viven a diario. Al adoptar estos principios, los arquitectos y diseñadores pueden crear entornos más humanos, inclusivos y acogedores para todos.
La integración de la neurodiversidad en el diseño arquitectónico requiere un cambio de paradigma: pasar de un enfoque basado en la norma estadística a otro basado en la variabilidad humana. Las herramientas existen: el Kit de Neurodiversidad de Perkins&Will, las guías sensoriales de HOK y los estudios de caso documentados por ArchDaily ofrecen marcos prácticos para evaluar y proyectar espacios. Es recomendable incluir métricas de bienestar cognitivo en los programas de necesidades, como niveles de ruido máximo (recomendado por debajo de 45 dB en zonas de concentración), temperatura regulable en un rango de 20-24 °C y coeficientes de iluminación que permitan entre 300 y 500 lux regulables.
Para edificios existentes, se pueden realizar auditorías sensoriales utilizando listas de verificación como la propuesta en este artículo, complementadas con entrevistas a usuarios neurodivergentes. La inversión en mejoras como paneles acústicos móviles, iluminación LED regulable y mamparas de privacidad visual tiene un retorno en productividad, satisfacción y reducción de rotación de personal. En el caso de obras nuevas, se recomienda involucrar a consultores en neurociencia aplicada desde la fase de diseño conceptual, y realizar simulaciones de recorridos sensoriales con realidad virtual. El objetivo no es cumplir con una norma, sino crear entornos que permitan a cada persona autorregularse y rendir al máximo de su potencial, porque la diversidad cognitiva es un activo, no un problema.
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